En el bosque de las mentiras vivía una hermosa reina casada con el exitoso Rey que gobernaba de entre las sombras.
Esta reina, muy insegura de sí misma, a pesar de declamar que era la más bella de todas, todas las mañanas le preguntaba a su espejo de encuestas si era la más bella del bosque.
Diariamente, él le contestaba que había algo o alguien que opacaba su imagen, así que entre ambos esposos mandaban a decapitar o a destruir lo que suponían los eclipsaba o ponía en duda sus designios.
Mientras tanto, coherentes con la debilidad de su estima, a cada tanto abandonaban la opulencia de sus palacios y sin cambiarse de vestiduras, visitaban casi todos los rincones vulnerables del reino a repartir migajas e ilusiones. En estos actos llenos de bufones que ellos mismos llevaban, vestidos en sus mejores galas y hermosos plumajes, hablaban aireadamente de repartirles las riquezas del reino y se ufanaban de la calidad institucional de su gestión y de la calidad de sus escuderos y lanceros.
Tal era la psicosis en que vivían tratando de preservar su poder, que al ver el descontento popular que se producía por tanta hipocresía, tuvieron hasta el descaro de comenzar a poner las caras de los escuderos, que eran líderes de las mismas aldeas, dibujadas en las vacías proclamas que se desparramaban por las mismas, con las que trataban de mantener hechizados a los pobres aldeanos del pueblo.
El fin del cuento arquetípico indica que Blancanieves, la república, ya no tan blanca y varias veces violada en todo su cautiverio…. será rescatada por el voto democrático y vivirán felices hasta que aparezca otro hechicero o bruja que nos asole con su magia negra…
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