Los antiguos alquimistas Taoístas hace más de 2000 años buscaban la transformación de lo corruptible en incorruptible, y entre ello, metales en oro. Con la minería pasa algo parecido, pero con criterios trastocados. Convertiremos lo corruptible en algo más corruptible: miseria, a pesar que extraigamos oro -que en este país nadie va a usar.
Se ha generado un gran debate, pero salvo los productores agrícolas, los demás responden a intereses espurios y hasta diría oscuros. Repasemos.
¿Quién vendería los cimientos de su casa? ¿Qué empresario vendería sus materias primas al 3% de su valor? ¿Qué agricultor vendería sus frutales a este valor? Nadie por supuesto. Pero sí estamos dispuestos a enajenar los recursos naturales NO RENOVABLES –agotables- basados en discursos progresistas y bajo el mismo precepto de eterna abundancia con el que adornamos nuestro Escudo provincial y terminamos deshaciéndonos de especies animales, forestales, culturas nativas y ahora también, grandes extensiones de nuestro territorio. Siempre pendientes de ser parte de una elite a la que no vamos a pertenecer nunca, sino más bien convidados por conveniencia, encolumnandos tras los ilustres entregadores de nuestro patrimonio, desde el desembarco mismo de los colonizadores. No es fortuito el tema de la propiedad de la tierra, sino una consecuencia directa de lo anterior.
En otra nota anterior reflexioné sobre los cuatro poderes, 3 de los cuales emanaban del soberano, el del Pueblo, verdadero dueño de los recursos naturales. Es el Pueblo quien debe decidir el destino de su patrimonio y no los administradores de turno, sus potestatarios. Ante la duda debe plesbicitarse.
Si la idea es desarrollar la industria, y no que las míseras migajas de las regalías pasen a Gastos Corrientes en las cuentas públicas, debe idearse un sistema de asociación y un sistema de financiamiento local parecido al Fondo de Transformación. Así el empresario Argentino podrá adoptar el “know-how” e instalar capacidad productiva AQUÍ, que realmente aporte al crecimiento del país. De lo contrario, el grande multinacional sigue fagocitando intereses y emprendimientos locales, llevándose sus recursos y dejando agujeros reales en los cimientos donde nada podrá construirse.
Es claro que los míseros ingresos comparados con los volúmenes de dinero que se llevan NO JUSTIFICA los emprendimientos desde el punto de vista local, y ya sin reservas y con los montos ingresados, no hay posibilidad de fomentar o promocionar industria alguna aquí. La antigua minería y la corta historia actual así lo han demostrado.
Deben derogarse las leyes de minería y como se hizo con tantas otras del período nefasto, y a cambio, trazar un paradigma realista para el país, empezando por el cuidado del medio ambiente. No creo que los alquimistas Taoístas que consideraban sagrada el agua como agente purificador y dador de vida, pudieran considerar poner en riesgo las fuentes mismas del agua. Sostiene la vida de este oasis y de amplias zonas agrícolas que con mucho esfuerzo están posicionando mundialmente productos locales.
Publicado en La Nacion - 12/12/12006
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